El Colegio Dominicano de Notarios celebró una jornada cargada de emotividad y confraternidad para reconocer a las notarias que, además de guardar la fe pública, sostienen con amor el núcleo de sus familias.
Santo Domingo, R.D. — La voz de Ondina Matos de Lendor se elevó sobre el salón y el silencio llegó solo. Era el Himno a las Madres Dominicanas, el poema musical que Doña Trina de Moya le entregó a la memoria afectiva del país, y en ese instante la sede principal del Colegio Dominicano de Notarios dejó de ser una sala de actos para convertirse en algo más íntimo: un lugar donde decenas de mujeres recordaron en voz baja a sus madres, a sus hijos, a ellas mismas.
Fue así como el Colegio Dominicano de Notarios (CODENOT) celebró el Día de las Madres, con una jornada que sus organizadores llamaron de gratitud y confraternidad, y que sus asistentes vivieron como algo difícil de definir con una sola palabra. Afecto, quizás. O reconocimiento. O la certeza, renovada una vez más, de que detrás de cada firma notarial hay una historia humana.
El evento fue convocado para las notarias dominicanas que, en el último domingo de mayo —fecha en que la República Dominicana celebra su efeméride materna—, comparten con el resto de sus compatriotas una jornada de profundo significado emocional. Pero el CODENOT quiso ir más lejos: no solo celebrar a la madre dominicana en abstracto, sino reconocer a quienes ejercen la función notarial y, al mismo tiempo, sostienen con amor y entrega el núcleo de sus familias.
El Dr. Jhon Richard Paniagua Feliz, presidente del gremio, fue el primero en tomar la palabra. En representación del Consejo Directivo Nacional, trazó una línea directa entre la maternidad y el ejercicio profesional: reconocer a las madres, dijo, es también honrar la sensibilidad, la fortaleza y la capacidad de servicio que aportan diariamente al notariado nacional y a la sociedad. No era un discurso de protocolo. Era, más bien, una declaración de principios sobre el tipo de institución que CODENOT aspira a ser.
La programación incluyó una charla especial a cargo de la Dra. Mirtha de León, titulada “Apréndete a querer”. La facilitadora invitó a las asistentes a mirar hacia adentro: a valorar el amor propio, a cuidar el bienestar emocional y a reconocer, sin timidez, el valor de la mujer en todos los escenarios de la vida. La sala escuchó con atención. Algunas tomaron notas. Otras simplemente asintieron.
Después vinieron las rifas, los premios y, con ellos, la alegría desatada. El karaoke abrió el micrófono a voces que no suelen cantar en público, y el espacio de baile convirtió el salón en una celebración que no requería más justificación que el momento en sí. El notariado, ese gremio asociado a la solemnidad de los actos jurídicos y a la gravedad de la fe pública, se permitió reír a carcajadas.
El cierre estuvo a cargo del notario y cantante Ramón Moreta, quien presentó un repertorio de boleros y canciones románticas que hizo cantar, bailar y emocionarse a partes iguales. Fue, en el mejor sentido, un final sin final: el salón seguía vibrando mucho después de que la última nota se disipara en el aire.
Más que una actividad social en el calendario institucional, la jornada fue un recordatorio de algo que los gremios profesionales suelen olvidar: que las personas que los integran son, antes que nada, personas. Madres, hijas, mujeres con historias propias que no se detienen cuando se coloca el sello notarial. El Colegio Dominicano de Notarios eligió este domingo de mayo para decirlo en voz alta.
CONTEXTO
El Colegio Dominicano de Notarios (CODENOT) es el órgano gremial que agrupa a los notarios públicos de la República Dominicana. La institución, presidida por el Dr. Jhon Richard Paniagua Feliz, desarrolla actividades de formación, representación y bienestar de sus agremiados en el marco de la legislación notarial vigente. El Día de las Madres se celebra en el país el último domingo de mayo.
