REVELACIONES PROFÉTICAS #2
El Señor manda al pueblo amar sin restricciones. Les dice que amar se aprende amando.
1 de Corintios 13:4-7
“El amor es sufrido, es benigno, es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. El amor no se envanece. No se comporta con rudeza, crueldad, ni maltratos. No hace nada indebido, no es egoísta, no busca lo suyo, no se enoja e irrita fácilmente, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, más se goza en la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Las personas confunden el amor con la pasión sexual. El deseo sexual no tiene que ver nada con el amor. El amor proviene de Dios. Está dirigido a amar a Dios sobre todas las cosas como Él nos amó primero, amar al prójimo como a uno mismo, amar a nuestros enemigos y servir con amor a los demás.
Esta clase de amor va en contra de toda lógica humana razonable e inclinaciones naturales. El amor que proviene de Dios no es egoísta. Dios sabe que para el género humano es difícil e imposible poner en práctica este verdadero amor sin la ayuda de Él. Para obedecer y corresponder a este amor hay que dejar de lado sus propios deseos naturales y carnales.
Para amar con poder como Dios manda: Amar a Cristo, amar a sus padres, hermanos, esposos, hijos, prójimo, familiares, amigos, extraños, extranjeros y desconocidos, sin esperar nada a cambio de ninguno de ellos. Cuanto más amor demos a los demás, cada día más nos pareceremos más a Cristo.
Todos los días son de amor y amistad. En el mundo, los creyentes están llamados por Dios. En lo espiritual deben empezar a amar con verdad, con sinceridad, a usted mismo y a todos los demás, le dice el Señor.
Luz Carolina Rodríguez
