Cultura

Tienen pruebas de que Jehová y Satanás son uno mismo

Como todas las cosas en este mundo tienen su opuesto, Jehová, el Dios cristiano, también es poseedor de una polaridad propia en la que se juntan el bien y el mal. Contrario a lo que se cree, Jehová no es sólo amor; el mal, tradicionalmente atribuido a una entidad externa y opuesta a Jehova, es representado por el demonio Satanás, sin embargo esto podría ser una división hecha por el hombre, quien de manera conveniente “separó” la maldad de Jehová y la personifico en otro ser.

Al leer la biblia vemos que los actos más deleznables, los deseos más viles, las amenazas más horrorosas, vienen de ese Dios de Amor. Pero siendo Jehová el creador de todo, como asegura la tradición cristiana, es acertado pensar que la misma maldad es obra suya. Los actos más horrendos tienen su origen y creación en su misma esencia. La perfección que se le atribuye estaría entonces en el cumplimiento de esta teoría, en la polaridad que poseemos los seres humanos: el bien y el mal conviven en nosotros. Al final estamos hechos a su semejanza.

Así pues, atribuir al Diablo, o como se le quiera llamar, las atrocidades que se suceden en este mundo es erróneo siempre que se entienda como el Diablo un ser opuesto a Jehová. Desde mi punto de vista Satanas no es sino la parte oscura de Jehova y no un ángel rebelde y desterrado lleno de resentimiento. Fue Jehová quien lanzó las plagas sobre Egipto, quien da  vida y quien mata; es creador y asesino, cura y enfermedad. No hay nadie más, ni Diablo ni Satanas. Jehová es una especie de Dr. Jekyll en el que conviven dos personajes: El bien y el mal.

Prueba de lo anterior es Deuteronomio 28:15, el libro escrito por Moises. En él abundan toda serie de tragedias, horrores y amenazas extraídas de esa parte malvada que habita en Jehová. Dice: “…si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, […] vendrán sobre ti todas estas maldiciones…” Y a continuación se enumeran los actos más horrorosos y perversos que pudieran decirse y acontecer. Por si fuera poco,  queda claro que será Jehová quien las acometerá…

“Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas” Dt. 28:18

“Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequia, con calamidad repentina, y con añublo…” Dt. 28:22

“Te desposaras con mujer, y otro varón dormirá con ella…” Dt. 28:30

“Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día…” Dt. 28:32

Y quizá la parte más enferma.

“Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos, y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo” Dt. 28:53

Estas son sólo algunas de las maledicencias que el Dios de amor profiere en voz de Moises, ya que Dt. 28:15 hasta Dt. 28:58, es una serie de terribles amenazas contra quienes no cumplan con su ley.

Llama la atención que el creador de todas estas amenazas sea un Dios a quien se atribuyen sólo la bondad y el Amor. Desde mi punto de vista existe una lógica muy mundana en esto, cumpliéndose esa polaridad inherente a todos los seres humanos. Pero me lleva también a  pensar que la maldad que prevalece en este mundo, las atrocidades que a diario se comenten, no son obra de un ente externo y opuesto a Jehova, sino obra y creación de él mismo.

En Jehová Dios conviven el bien y el mal como en cualquiera de nosotros.

Quizá, para los creyentes, más que pedir por el bien de la humanidad sería conveniente pedirle que deje de cernir su mano malévola sobre nosotros. Al final, parece que Satanás y Jehová son uno mismo.

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