Le cogieron la seña a martelly

César Medina
Especial para Listín Diario

El gobierno haitiano ha pretendido engañar a medio mundo– y en cierto modo lo ha logrado–, creando una crisis diplomática con la República Dominicana para librarse de la responsabilidad de organizar elecciones congresuales en agosto y presidenciales en noviembre que pondrían término al régimen de Michel Martelly, impedido de reelegirse.

En ese contexto, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha pedido al gobierno dominicano el aplazamiento– por un tiempo prudente–, de las repatriaciones de haitianos que no clasificaron en el Plan de Regularización vencido el 17 de junio pasado para evitar que Martelly lo asuma como pretexto para permanecer en el poder de forma ilegítima más allá de su período constitucional que vence en febrero.

La peligrosa estratagema del gobernante haitiano no ha logrado confundir al Departamento de Estado que le ha otorgado un plazo fatal para que organice los dos tramos de elección en fechas indistintas pero rodeadas de las garantías necesarias para que los haitianos sufraguen libremente y elijan otro Presidente posterior a la escogencia del nuevo Parlamento.

Denunciar una “crisis humanitaria” como resultado de las regulaciones migratorias dispuestas por el Estado Dominicano en el contexto de la sentencia 168/13, ha sido un ardid del gobierno haitiano para evadir esa responsabilidad a pesar de que inicialmente argumentó carencia de fondos para organizar las elecciones.

El Departamento de Estado, a través de la ONU y la Minustah que operan en Haití, decidió aportar los recursos económicos para ese propósito, y fue entonces cuando el régimen de Martelly invocó la “crisis humanitaria” para evadir las elecciones.

Los comicios parlamentarios están convocados para el 8 de agosto. Debieron celebrarse hace más de un año pero Martelly los postergó indefinidamente a pesar de las presiones de Estados Unidos, las Naciones Unidas y la OEA.

Para esas elecciones faltan sólo 12 días, y Haití dice que requiere 74 millones de dólares para su montaje. Es evidente que en lapso de tiempo tan breve no será posible montar unos comicios de tal complejidad.

Para el 20 de octubre– es decir, dentro de tres meses–, están convocadas las elecciones para escoger a un nuevo Presidente y relevar a Martelly en febrero, pero en Haití no hay aprestos para elecciones mínimamente libres a pesar de que inicialmente surgieron más de cien candidatos presidenciales y se han ido descartando hasta quedar casi medio centenar.

El propio gobierno ha adelantado que en medio de una “crisis humanitaria” ningún país puede celebrar elecciones presidenciales. Obviamente, es la excusa para Martelly quedarse en el poder por tiempo indefinido.

Le cogieron la seña
A mediados del mes de mayo pasado, el embajador de los Estados Unidos James -Wally- Brewster visitó al Presidente Danilo Medina en su despacho del Palacio Nacional con un mensaje urgente del Secretario de Estado, John Kerry, haciéndole saber que el gobierno de Barack Obama no daba ningún crédito a los argumentos de Haití en contra de la República Dominicana.

Al salir del despacho presidencial, Brewster dio declaraciones a la prensa advirtiendo que los Estados Unidos no tenían evidencia alguna de desnacionalizaciones ni apatridias en contra de ciudadanos haitianos y señalando que el programa de regularización de indocumentados marchaba bien.

La semana pasada la embajadora de los Estados Unidos en Haití, Pamela Ann White, fue a la frontera dominico-haitiana, en compañía de otros embajadores y personal diplomático acreditado en Puerto Príncipe, y dio declaraciones convincentes al Listín Diario sobre la normalidad que impera en esa parte de la isla, negó que se estuvieran produciendo repatriaciones y desmintió la supuesta “crisis humanitaria”.

Para los entendidos en asuntos diplomáticos no podía pasar inadvertida una declaración de esa naturaleza pues desmentía de forma contundente la acusación del gobierno haitiano contra la República Dominicana comprometiendo abiertamente la posición del Departamento de Estado en el diferendo de los dos países.

Por diversas otras vías oficiosas el gobierno de los Estados Unidos ha expresado su satisfacción con la aplicación de la política migratoria dominicana en los términos en que se respeten los derechos humanos fundamentales y se reconozca la nacionalidad de los descendientes de haitianos que puedan documentar su situación migratoria.

Resulta sintomático también que el gobierno haitiano haya cesado a su embajador en la República Dominicana, Daniel Supplice, por haber dado declaraciones coincidentes con los argumentos de que los escollos que pudo haber encontrado el plan de regularización se originaron en la incapacidad de su país para documentar a sus ciudadanos en situación de irregularidad. Es evidente que Supplice se excedió en sinceridad.

Un pedido inteligente
Se supo que el gobierno de los Estados Unidos ha solicitado al gobierno dominicano que dentro del rigor de la ley conceda un compás de espera– hasta “que se ordene la casa” en Haití–, para proceder a repatriar a los indocumentados que no alcanzaron a normalizar su estatus dentro del Plan de Regularización.

El propósito es no dar motivos al gobierno haitiano para obviar su responsabilidad de organizar elecciones libres, primero a nivel parlamentario fijadas para el próximo 8 de agosto, y luego las presidenciales del 20 de octubre.

Los observadores de la situación haitiana saben que eso no será posible debido a la proximidad de ambas fechas, pero fuera del expediente dominicano Martelly no tiene ningún otro argumento para justificar esa desidia. Su gobierno caerá en estado de ilegitimidad al finalizar el mes de febrero.

En principio el presidente haitiano alegó que no había dinero para organizar los comicios, calculó que se requerirían 74 millones de dólares y dijo que sólo tenía 14. Estados Unidos, a través de la ONU, le prometió 34 millones y la Minustah lo que pudiera faltar a partir de esa sumaÖ Y entonces se inventó lo de la crisis humanitaria…

¿Y en medio de una “crisis humanitaria” a quién se le ocurre celebrar elecciones?

COMENTAN LA VIDA LIGERA DE MARTELLY
Michel Martelly ha devenido en Presidente itinerante: viaja con frecuencia, casi siempre de incógnito, entre Miami, Nueva York y las islas del Caribe, donde ha cultivado buenas amistades que se expresan en solidaridad política y diplomática. Se le ve también con relativa frecuencia en Casa de Campo, República Dominicana, y suele subir a tarima a cantar y bailar, su vocación y especialidad.

Su hijo mayor es también músico y disc-jockey radicado en Nueva York y es bastante conocido en las discotecas del Village neoyorquino.

Por ahí anduvo visitándole hace apenas un par de semanas el  Presidente haitiano.

Casi en la madrugada de un sábado cercano, Martelly subió a la tarima de la discoteca que animaba su hijo, tomó el micrófono, cantó y bailó como en su mejor tiempo de vedetto desenfadado. Las imágenes de ese show circulan con profusión en las redes sociales.

Es obvio suponer que la vida divertida del Presidente de Haití es monitoreada muy de cerca por los fisgones de las agencias de Inteligencia de los Estados Unidos, siempre pendientes de las menudencias presidenciales de estas “Repúblicas Bananeras” para nutrir los informes del Departamento de Estado.

Lo malo es que siempre ese tipo de información queda embargada por muchísimos años.

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