Opinión

LA MUERTE RONDA AL PLD: Durante sus gobiernos han habido mas muertes que todos los demas

La muerte es un tema filosófico pero también una categoría que puede utilizarse para pensar un determinado orden político, en el caso dominicano el encabezado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) desde 1996 hasta nuestros días con la interrupción de un periodo (2000-2004 ) gobernado por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

En la actualidad la muerte se presenta asociada a la violencia machista, el crimen organizado, el narcotráfico, la delincuencia y la pobreza. El enfoque dominante sobre el estado de muerte no pasa de la culpa individual y el morbo de un público hecho para reaccionar como se espera: aterrorizado, sorprendido, a veces solidario y muchas otras diezmado por el miedo. La muerte en este sentido no es más que una mercancía que alimenta la demanda de seguridad por un lado y de emoción por otro.

Pocas veces los medios de comunicación relacionan el fenómeno de la muerte con las relaciones de poder, pese a que su sombra se ha convertido sino en síntoma en un signo distintivo del sistema político dominicano.

La muerte ronda no solo los márgenes sino también el centro del sistema en la medida en que se hace evidente el control biopolítico (Foucault, 1979) de la sociedad dominicana, en especial desde la Constitución de 2010, la reconfiguración del sistema judicial (la reforma de las reformas de los ’90) y la generalización de la violencia.

Antes de la modernidad lo biopolítico podía entenderse como el ejercicio divino de dar la muerte, es decir, el conjunto de acciones (dispositivos) de poder orientados a controlar “la plebe” y sus “excesos”, con la función de decidir “quiénes podían morir”, fenómeno que fue transformándose con el surgimiento de los modernos Estados constitucionales.

Lo biopolítico entonces pasó a ser, de acuerdo con una de las versiones del propio Foucault, el control de la vida misma (biológica y cultural) de la gente (los sujetos) no solo a través de la ideología o los “aparatos ideológicos del Estado” (versión marxista) sino sobre todo a través de dispositivos que funcionan como una red compleja (discursivos, legales, médicos, administrativos, morales, etc.) que al sincronizarse producen lo que en la era neoliberal conocemos como “gubernamentalidad”, donde el Estado cambia su fisonomía por completo y la “(in)seguridad” se convierte en problema fundamental.

En este contexto todos los planes para combatir la inseguridad ciudadana puesto en marcha por el PLD han fracasado y en cambio la muerte ha ido en aumento y se propaga veloz desintegrando familias, barrios, partidos, sindicatos, empresas y todo tipo de tejido social, siendo lo más relevante cómo ésta se manifiesta al interior del sistema político.

Como resultado de la presencia de la muerte como dispositivo del biopoder tenemos una ciudadanía que vive en paranoia chocada por la gran cantidad de personas que mueren de manera violenta en nuestros pueblos y ciudades.

Los casos de muerte por causa social pueden agruparse: 1) A manos de la policía por “intercambio de disparos”, ejecuciones extrajudiciales, atracos, etc. 2) En un hospital maltrecho o en abandono, mala práctica médica, problemas del seguro… 3) Mujeres asesinadas por novio, esposo, amante, ex; aún haya puesto querella -más de una vez-. 4) Embarazadas adolescentes o de parto terminan su vida en una mugrienta sala… 5) Muertes en carretera o calle causadas por imprudencia extrema junto a la ineficacia del gobierno en el manejo del tránsito terrestre.

¿Por qué el miedo aflora con fuerza en la vida diaria de la gente? Porque la muerte aflora y se asoma no como algo natural sino como fenómeno asociado a lo gubernamental, al Estado de derecho.

Aparte de la enorme cantidad de muertes y asesinatos que reportan a diario los medios de información masiva y de la ola de sangre que por momentos parece ahogar a toda la sociedad, a continuación se presenta una descripción de una cadena de crímenes singulares relacionados con el funcionamiento del régimen político que han quedado envueltos en un manto de silencio y de impunidad.

Los asesinatos de dos periodistas-locutores de San Pedro de Macorís (febrero 2017) ocurrieron con relación a casos de negocios y mafias con terrenos del CEA que evolucionó de mal a peor. Tras conocerse la noticia, solo en dos semanas se produjo otra muerte, la del supuesto homicida (suicidio o asesinato) no esclarecida aún. (Ver noticia)

El suicidio-homicidio (no esclarecido) del arquitecto contratista del gobierno David Rodríguez (septiembre 2015) sucedió en la Oficina Supervisora de Obras del Estado (OISOE). En este caso afloraron los problemas, negocios y mafias con la política de construcción de escuelas del gobierno. El hecho generó malestar, protestas, pero hasta ahora otra muerte que solo rellenó la prensa y los medios con sensacionalismo. (Ver aquí

Ese mismo mes en los canales de tv y periódicos supimos de los problemas con ingenieros del CODIA que se estaban suicidando por deudas contraídas y no pago por parte del gobierno.

Estos casos de alguna forma alertan que la muerte como solución ronda en los medios gubernamentales y ha llegado a ser parte de una forma de gestionar conflictos entre la acción pública y la población.

La política electoral del país conocía en su historia de muertes y asesinatos asociados a campañas, pero el fenómeno ha cobrado bríos sin precedentes. Las pasadas elecciones de mayo 2016 (presidenciales y municipales) se llevaron de paro a candidatos a regidores, diputados, síndicos y al ex-rector de la Universidad pública (la UASD). Lo nuevo y lo particular del momento ha sido que casi todos los casos están sin resolverse en los tribunales de Justicia y más allá de esto, se ha denunciado la implicación de funcionarios dentro y fuera del sistema judicial precisamente para que no se haga justicia.

El expediente judicial que reposa en Santo Domingo y vinculado al ex-regidor de Pedro Brand (Erikson de los Santos -alias Ney), acusado e investigado por asesinato de choferes (sicariato) junto a Arsenio Quevedo (sindicalista de UNATRAFIN). Este caso transcendió a mayor cuando se publicó (a finales del 2015) que una mafia opera en las altas cortes con participación de jueces y del Consejo Judicial, siendo el mismo presidente de la Suprema Corte de Justicia inculpado directamente por una jueza acusada de recibir pagos por sentencias en noviembre de 2015.

 

Todavía supimos más de las acusaciones de la jueza sobre la red mafiosa en la Suprema Corte asociando directamente a su presidente. (Ver noticia)

Otros casos

En junio de 2014 fue asesinado un regidor del PLD en Monte Plata y fue acusado por el crimen el alcalde de Bayaguana Nelson Osvaldo Sosa Marte. La víctima y el acusado pertenecían al partido de gobierno. En la declaración de prensa salió a relucir la contratación de sicarios por 400,000 pesos por parte de dos empleados de la alcaldía. (Detalles en este enlace)

El asesinato de Mateo A. Febrillet (ex-rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo) sorprendió al país a dos meses de las elecciones del 2016. Participaba como candidato a senador y en un incidente de negociación entre candidaturas del Partido Revolucionario Moderno (PRM) fue la víctima. Aún no se ha procesado a nadie. Y en varias ocasiones los medios y las redes han alertado de una trama para impedir enjuiciamiento de los acusados. También se ha denunciado que el principal acusado cuenta con protección oficial.

Esa no fue la única muerte-asesinato de la campaña electoral. Muy temprano del proceso fue asesinado el síndico Juan de los Santos (municipio Santo Domingo Este), el hecho se produjo en la oficina de la Federación Dominicana de Municipios, de la cual era presidente. Juancito, como le decían sus allegados, era una pieza clave del partido de gobierno.

La lista puede seguir, solo parar (de momento) con otro pre-candidato a síndico, Pablo B. Ferreira asesinado por “desconocidos” en un sector de una de las provincias del país.

La necropolítica es referente del Estado en la actualidad. No es que el Estado no funcione o esté a la deriva (no somos pesimistas). Funciona, por los resultados gubernamentales a la fecha (sean escandalosos o no) para el éxito de algunos grupos (crecimiento del Grupo Ramos, Vicini, CNN, SID), corporaciones de medios y familias cercanas al anillo de gobierno, cabezas militares en red de negocios. En fin lo que se puede llamar una casta que tiene altos niveles de consumo, de ingresos, en medio de grandes sectores y poblaciones que ven sus vidas y supervivencia amenazadas cotidianamente, y que terminan en la muerte violenta.

Por eso en el país desde hace un tiempo y desde cualquier lugar están surgiendo grupos (sociales o políticos) con propuestas de cambios, para enfrentar, contrariar, alterar este ejercicio de poder absolutista (que ha llegado a controlar organizaciones civiles, medios, sectores económicos, militares, eclesiales, políticos), y que opera como una máquina de guerra que decide dar la muerte a su pueblo y sus ciudadanos en vez de seguridad y bienestar.

Fuente: http://nuestrotiempo.com.do/2017/03/la-muerte-ronda-al-pld/

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