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Higüey se haitianiza

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IMPACTO: YA HAY BARRIOS Y OFICIOS DE LOS QUE SE HAN ADUEÑADO

Florentino Durán
florentino.duran@listindiario.com
Higüey, La Altagracia

Pese a que algunos no lo advierten, el proceso de haitianización en oficios y servicios que ofertan y asumen estos extranjeros es cada vez más creciente y preocupante, tanto por la inversión que implica para el Estado, como por el desplazamiento de la mano de obra dominicana.

Aunque parezca paradójico, siendo Higüey una de las ciudades más distantes de la frontera con Haití, es la que con mayor influencia y fuerza recibe los efectos que genera la migración haitiana, cada día en crecimiento, incluso tras los propósitos del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros llevado a cabo por el Gobierno, que poco se ha sentido aquí.

La presencia de nacionales haitianos impacta en la deforestación y su activismo entre vendedores ambulantes, haciendo de fruteros, coqueros, vendedores de discos compactos (Cd), obreros de la construcción, billeteros, albañiles, jornaleros y empleados del sector turismo.

En esta entrega se adviete la incidencia de estos migrantes en el sector salud en esta demarcación, donde de cada 10 pacientes llegados al hospital público de Higüey, siete son extranjeros de origen haitiano.

El doctor Héctor Julio Rincón, director del hospital Nuestra Señora de La Altagracia, actualmente en remodelación, declaró que aún siendo La Altagracia la provincia más alejada de la zona fronteriza, aquí vive el mayor número de haitianos, y esto se debe a las fuentes de trabajo en existencia.

La ocupación de camas en ese centro, por parte de los haitianos, es de un 35 por ciento, dijo Rincón, quien agregó que estos migrantes “llegan con anemia, parásitos y otras enfermedades”.

De al menos 200 pacientes diarios recibidos en la emergencia del hospital, 70 y 80 son haitianos que buscan atención a sus quebrantos de salud. Rincón, quien lleva cuatro años como director y tiene 17 laborando en el hospital local, dijo que se mantiene un flujo bien alto de pacientes del país vecino. Significó que la situación no ha variado en nada, a pesar de  la ejecución del Plan Nacional de Regularización.

Sostuvo que los dos millones de pesos mensuales que recibe el hospital no son suficientes para cubrir la demanda de servicios. Al dispararse la demanda de servicios por parte de los haitianos, señaló Rincón, “se presenta una situación parecida al caso de cuando tú organizas una cena para cinco personas y llegan 10; ya sabes lo que ocurriría”.

Citó el elevado número de partos, consumo y uso de material gastable y medicamentos que consumen los haitianos.

Sin embargo, el profesional médico dijo que, como directivo y parte del centro de salud, tiene un compromiso moral en estos casos. “Nuestro deber es atenderlos y lo hacemos, igual si llegan alemanes, argentinos, chinos, holandeses, norteamericanos, les damos el servicio, utilizando nuestros intérpretes”, expuso.

Según Rincón, la remodelación del centro de salud dispuesta por el Gobierno, luego de peticiones lideradas por el obispo Nicanor Peña, el empresario Frank Rainieri y varios sectores de la provincia, “se va a lograr una efectiva mejoría de la calidad de los servicios; tenemos un hospital que no tiene nada que envidiar a cualquier hospital del país, en equipos y áreas”.

Cree que además de aumentar el presupuesto, es importante que se permita al personal que sea nombrado allí, que se haga mediante un comité de evaluación del hospital que lo introduzca.

Desplazamiento
Es tan evidente la presencia haitiana aquí que hay servicios que ya les son propios y otros que han ido asumiendo, como venta de frutas, maní, esquimalitos. También es muy notorio el movimiento de pedigüeños y limpiavidrios próximos a semáforos.

La afluencia de inmigrantes oriundos de Haití aumentó considerablemente hacia el país tras el devastador terremoto del 12 de enero que  dejó centenares de miles de muertos.

Los casos
Los propios médicos que prestan servicios en el hospital público de Higüey, advierten del aumento del número de pacientes haitianos, como refiere el médico Demetrio Germán, quien lleva 17 años laborando en este centro de salud.

“De cada 10 pacientes, seis son haitianos y yo los trato porque consulto cinco días a la semana”, dijo.

“Ahora, luego del anunciado Plan Nacional de Regularización hay más haitianos que antes; no se ha repatriado nada y se sienten con más derecho y protegidos que nunca”, advirtió.

A esto se agrega, indicó, que no compran las recetas que les son indicadas y esperan que se les regalen todos los medicamentos; no siguen los tratamientos y depredan las áreas donde se instalan.

El desafío
Aunque la presencia de haitianos se advierte en unos lugares más que en otro, existen algunos como el Hoyo de Friuza, en Bávaro, donde impera su ley y superan el 90 por ciento. Luego, en Villa Cerro, Antonio Guzmán y otros de Higüey, su presencia es mayor que la de dominicanos, pese a que los criollos mantienen control de las juntas de vecinos. Sophia Hidalgo, directivade la Junta de Vecinos ‘Dios está con nosotros’, señala que llevaron 200 cartas para legalizar el status a 1,300 de aquellos extranjeros en el sector que representan algo más del 60 por ciento de los residentes, que crecieron tras el terremoto del 2010 en su país. “Antes había pocos”, señaló.

Decididos y diversos
Marcson Montimare es uno de los vendedores haitianos que se mueve en las calles de Higüey, reside en el barrio Zaglul, lleva 5 años en el país y relata que su patrón de nombre Lucas, de San Cristóbal, le ayudó a sacar el carné que tiene vigencia hasta el 9 de septiembre del 2016, no sabe qué va a pasar luego de su vencimiento, pero puede ver a sus familiares en Instalación por la frontera.

En tanto que Salomón Pierre está en el país desde el 2002, trabajó en carpintería y construcción con un ingeniero, vendió naranjas, guineo y frutas; ahora vende coco de agua y dice que cuenta con pasaporte extranjero que le dio su consulado vigente hasta el 10 de agosto del 2016.

Peterson Cebil, del sector Pepe Rosario, de Higüey, es vendedor de gafas, un negocio del que han desplazado a los criollos y, pese a que no tiene carné, se vale de su producto para sortear al policía cuando le requiere sobre su status migratorio. “Todavía no tengo carné, hay muchos vencidos, mi familia es de Juana Méndez y viajo cada cierto tiempo”, refiere.

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