Haitianos, violencia y Gaga en Semana Santa: Haiti prepara su fiesta en RD

Como elemento discordante en la celebraciónde la Semana Santa, se observa un notable aumento de manifestaciones de gagá en todo el territorio nacional.La tradicional actitud de recogimiento y dolor que acompaña a las expresiones del pueblo dominicano en la denominada “Semana Mayor”, contrasta con el jolgorio y excesos de grupos de nacionales haitianos y sus descendientes, que en diversas zonas del país realizan dichos rituales, vinculados a la religión vuduísta.

A pesar de su origen religioso politeísta y de su coincidencia con la solemne celebración de la Semana Santa -en la que estas prácticas ajenas a la cultura dominicana generan disturbios y enfrentamientos- la población observa con asombro la actitud displicente de las autoridades gubernamentales y religiosas. Las quejas y críticas llueven, especialmente a través de los medios digitales y de las redes.

En la celebración del gagá los grupos suelen bailar al son de instrumentos de viento y percusión creados para tales fines. Los oficiantes visten atavíos llamativos. Algunas de sus danzas tienen una connotación claramente sensual. También el consumo de alcohol es un elemento característico de dichas actividades, en las que muchas veces participan menores de edad. Es frecuente que en las jornadas surjan trifulcas, cuyo saldo pueden ser heridos y hasta muertos, generalmente por el uso de armas blancas.

Resulta particularmente llamativo el silencio de las principales iglesias del país, como la Católica y algunas protestantes, dado que las creencias del vudú son coincidentes con el politeísmo, considerado bíblicamente el mayor pecado que puede cometer un pueblo. Los textos de las Sagradas Escrituras son reiterativos en este aspecto.

Tanto los sacerdotes católicos como los pastores evangélicos, suelen hacer profundos sermones acerca de las Siete Palabras, de las que se valen para pronunciar toda clase de críticas a la sociedad dominicana, y muy especialmente a las autoridades y funcionarios de los tres poderes del Estado, pero nunca abordan este problema generado por una transculturación galopante, que afecta principalmente a los dominicanos de extracción social humilde.

Las principales religiones cristianas del país, parecen tener una línea de combate contra la transculturación que promueve el aborto y el matrimonio homosexual. Las prácticas vuduístas en suelo dominicano no parecen preocuparles. En cuanto a las autoridades gubernamentales, todos sabemos la gran inercia –más bien complicidad- que éstas tienen para enfrentar la omnipresente injerencia haitiana en todos los aspectos de la vida nacional.

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