Empresario haitiano afirma “en la mentalidad de Haití hay un problema con los dominicanos”

“El gobierno haitiano no ayudó en el proceso de legalización (…) El gobierno dominicano ha legalizado gratuitamente [a los inmigrantes haitianos] mientras el gobierno de Haití exigió alrededor de US$100 al principio»

Fuente: Le Nouvelliste

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-En el otro lado de la frontera, Errol Boulos (padre) es todo un personaje. Uno de los pocos haitianos que pueden afirmar que se han reunido con el presidente dominicano reiteradamente.

Además, así lo atestigua una imagen cuidadosamente preservada en su marco que se expone, entre otras fotografías, en la imponente oficina de Errol Boulos. En ella aparece destacado el dueño de la propiedad en compañía de sus hijos y Danilo Medina, el actual jefe de Estado dominicano.

A la cabeza de la empresa de fabricación de velas, Velas Hispaniola -el mayor productor de velas en toda América Central y el Caribe, que en 2014 se convirtió en uno de los cinco mayores exportadores a los diferentes mercados de Estados Unidos- Errol Boulos, lejos de instalarse en una torre de marfil, muestra su preocupación por la suerte de sus conciudadanos. De hecho, asume una posición, sin doble discurso. Hasta ponerse del lado de la legalización y formalización de la situación de los trabajadores haitianos.

“El gobierno haitiano no ayudó en el proceso de legalización (…) El gobierno dominicano ha legalizado gratuitamente [a los inmigrantes haitianos] mientras el gobierno de Haití exigió alrededor de US$100 al principio.

“La abrumadora mayoría de los haitianos en la República Dominicana no tienen ese dinero”, dijo, el inversionista haitiano que rechazó, de entrada, el fracaso del Programa de Identificación y Documentación de los Inmigrantes Haitianos (PIDIH).

“No fue hasta poco antes que expirara el PNRE [Plan Nacional de Regularización de Extranjeros] que el Estado haitiano redujo el pago por debajo de los mil pesos”, agregó.

“Ningún país va a aceptar que los extranjeros regresen a su territorio de forma ilegal”, y admitió que, en la década de 2000, huyó de la inseguridad en ese momento en Haití. De hecho, él atribuye su instalación en la vecina república a una serie de coincidencias y confiesa en particular, haber escapado por estrecho margen de varios intentos de secuestro.

Para él, el lema “Haiti is open for business” (Haití está abierto a los negocios) no es más que “viento”. Entre Haití y República Dominicana, en términos de protección de la inversión, no hay nada en común

A pesar de todo, y de la distancia, uno siente que el contratista no ha cortado por completo el vínculo con su tierra natal. Por el contrario, sigue muy de cerca lo que está sucediendo. La alta tecnología actualizada, y cuando la gestión de la fábrica se lo permite, se entrega periodismo 2.0, su otra afición después de la fotografía. Boulos sénior mantiene su propio blog en el que se comprometió a transmitir bastante a menudo artículos de buena calidad de Le Nouvelliste.

“Miles de usuarios visitan mi blog”, dijo con orgullo el hombre de negocios que cuenta con 20 años de experiencia en la venta de parafina y más de una década en la producción de velas, y cuya familia, en parte, aun reside en Haití.

Por otro lado, el industrial haitiano no deja de fustigar la incapacidad de los líderes haitianos para habilitar debidamente con documentos a sus ciudadanos, y a esa mentalidad de los haitianos de buscar siempre un chivo expiatorio para su fracaso.

“En la mentalidad haitiana hay un problema con los dominicanos: desde la elite hasta el pueblo, desde el nivel más bajo hasta el más alto”, dijo, molesto Errol Boulos, en su hablar franco de hombre que sabe sopesar cada palabra que sale de su boca. Con él, cada sílaba pronunciada cuenta, cada revelación vale su peso en oro.

Y cuando aplica su lanzallamas, nadie se escapa. Todo el mundo recibe lo suyo: el Estado, la burguesía, la clase media haitiana, etc. Azota con su mordacidad a todos los estratos de la sociedad haitiana. Según él, todas las categorías citadas son “sucias”. “Haití es el único país en el mundo donde las élites económicas se están matando ente sí”, expresó duramente, denunciando la mentalidad dominante, muy egoísta, del “sálvese el que pueda”.

“Lo que el gobierno dominicano quiere es legalizar a los haitianos para que ellos puedan legalmente entrar en la economía dominicana”, aconsejó, con el argumento de que el gobierno dominicano no tiene control sobre los migrantes haitianos que, al no poder identificarse, son explotados escandalosamente. “Sin un documento de identificación, no se puede abrir una cuenta bancaria ni tener acceso al crédito”, adelanta Boulos, quien estima que los haitianos deben tener sus documentos en regla con el fin de disfrutar de los beneficios sociales al igual que los trabajadores dominicanos.

Frente al dominicano, si Haití no tiene para ofrecer más que su mano de obra, que lo haga formalmente, legalmente, exige Errol Boulos, cuya empresa, instalada en 180,000 pies cuadrados, emplea a cerca de 400 trabajadores.

Por otra parte, el empresario haitiano, muy pragmático, admite que el gobierno dominicano no tiene otra opción y que debe legalizar a los trabajadores haitianos. “No podemos darnos el lujo de reenviar a todos los haitianos”, declaró, sin obviar que las autoridades haitianas tienen la misión de identificar a sus nacionales.

En cuanto a su fábrica, Velas Hispaniola, en la zona franca creada después de 2003, Errol Boulos, quien se convirtió en un guía para acompañarnos en el recorrido por las instalaciones, informó que se producen más de 100,000 velas cada día, que se distribuyen en más de 15 países de la región. Las velas de todo tipo que se producen a partir de tres materias primas -parafina, mecha y vidrio- alimentan grandes centros de distribución, como Wal-Mart.

Para él, el lema “Haiti is open for business” (Haití está abierto a los negocios) no es más que “viento”. Entre Haití y República Dominicana, en términos de protección de la inversión, no hay nada en común. Excepto, por supuesto, una cierta similitud entre los códigos de trabajo de los dos países con una ligera diferencia en el nivel de los salarios nocturnos, que son 15% más altos que los diurnos.

Según él, el transporte [marítimo] desde Alemania hasta Haití es US$1,200 más caro que de Alemania a la República Dominicana; y con respecto a la energía, en Haití es más de 30 centavos de dólar por kilovatio / hora, mientras que en los parques industriales en República Dominicana los costos de electricidad son sólo de 18 centavos.

“Nosotros, generamos nuestra propia energía, con la ayuda de gas natural, que nos cuesta 5 centavos y medio por kilovatio/hora”, confesó Errol Boulos, en la mañana del sábado 4 de julio al equipo de Le Nouvelliste al que abrió de par en par las puertas de su gran fábrica de velas.

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