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El camino hacia la trascendencia

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Emerson Soriano

 

“No importa cuánto gruña una piara al chorro
dulce y claro de una fuente. Al final, la fuente
seguirá brotando y los mismos gruñentes termi-
narán abrevando en ella”.
José Ingenieros.

 

El enanismo no es únicamente un padecimiento físico, adquiere proyecciones metafóricas en aspectos tales como la moral, lo ético, lo intelectual, etc. De ahí que el hombre que aspira a la grandeza y la trascendencia debe ponerse a recaudo de ese padecimiento que pudiera frustrar su avance.

Todo hombre tiene paradigmas, incluso humanos, que inspiran su accionar; pero si un paradigma humano deviene en pusilánime, y pierde hasta su capacidad de hablar, haciéndolo sólo por boca de ganso -¡y qué ganso!-  no puede forzar a los demás a rendirle el inmerecido culto de la admiración.

Por eso, debe cuidar su manejo cuando de oportunidades políticas se trata, para mantener las admiraciones profesadas y ganar otras más cada día; pero sobre todo debe tener sentido de la historia, y recordar con gratitud quiénes le han sabido ser leal, y también, reconocer que la lealtad ganada se pierde allí donde pone en peligro la reputación de quien la practica en su favor.

Todos no estamos preparados para entender el rito de iniciación del alfarero, practicado en algunas comunidades indígenas de Sudamérica, en el cual, el maestro entrega al iniciado su mejor obra, y acto seguido éste la estrella contra el suelo y la rompe, no como un acto de menosprecio, sino en franca señal de su compromiso de superar al maestro en la búsqueda de más belleza, más pureza y perfección. Lo propio deberían hacer ciertos “maestros”, permitir al iniciado su ruptura con lo viejo, y hasta con lo pecaminoso que exista en ello, y su avance hacia la búsqueda de la transparencia y la verdad, en tanto que valores que encaminan a la trascendencia en beneficio de los demás.

Pero bueno, ¡allá ellos con sus karmas y miserias!, con su incapacidad de identificar el bien. Lo que toca a cada hombre público es servir desde donde se lo permitan las circunstancias, esperando poder decir cada día en que Dios le permita abrir sus ojos, los hermosos versos del poeta ruso Yuri Levitansky: “Y a pesar de todo soy feliz, porque pude existir hasta este instante, hasta esta potente sacudida de las pesadas entrañas de la tierra. ¡Sobreviví, tuve tanta suerte! Comprendí, y sé en verdad, que la historia no se equivoca en su movimiento, sólo que sus cotas no tienen que ver con nosotros”.

El autor es Director General
de Bienes Nacionales.

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