Asesinan ex-pandillero en la Loma del Chivo

Dos hombres a bordo de una motocicleta mataron de varios balazos a un ex pandillero que se había regenerado y creado una fundación para trabajar por la paz y el rescate de la mano de la delincuencia a jóvenes procedentes de distintos barrios del Distrito Nacional.

Ramón Arístides Vidal, mejor conocido como Monchy, de 39 años, murió a consecuencia de varios impactos de bala luego que dos jóvenes se presentaran a bordo de una motocicleta en su casa del sector Loma del Chivo y le dispararan sin mediar palabras.

Monchy, quien tenía un pasado turbio hace apenas algunos años era uno de los más temibles líderes  pandilleros que operaba en el Distrito Nacional.

El vocero de la Policía, Jacobo Mateo Moquete, informó que por el hecho la Policía apresó a un hombre apodado como “Rasputín” y busca de manera activa a un tal “Eduardito”, quienes residen en el sector Agua Dulce del barrio 27 de Febrero y fueron identificados por los vecinos como los responsables de la muerte de Monchy.

“A las dos de la tarde llegaron los dos jóvenes en una motocicleta, uno se levantó y le disparó varias veces en su propia casa, dijo Mateo Moquete.

Mateo Moquete, dijo que se desconoce el móvil del hecho de sangre, aunque se presume que fue un problema de pandillas, lo cual es investigado por el Departamento de Homicidios de la Policía.

Un poco de Historia

El 26 de agosto del 2013, Ramón Arístides Vidal, fue entrevistado por elCaribe sobre el giro que había dado su vida luego de su decisión de dejar el bajo mundo.

En esa ocasión Monchy manifestó que su vida criminal inició desde que cumplió los 17 años, cuando se produce su ingresó a la Policía. Según afirmó la uniformada fue la puerta de su ingreso al crimen, además le sirvió de universidad para adquirir los conocimientos que poseía sobre las armas de fuego.

Tres años después dejó la uniformada escalando en el bajo mundo. Cuando tenía 23 años resultó herido de bala durante un enfrentamiento entre bandas escenificado en el barrio Guachupita, quedando condenado de por vida a usar una silla de ruedas.

Sin embargo, confesó a elCaribe, que estar postrado en una silla de ruedas no representó ningún obstáculo para manipular a su antojo a más de 400 jóvenes, con el objetivo de mantener el control de los barrios 27 de Febrero, María Auxiliadora, Guachupita y otros aledaños del Distrito Nacional, donde implantó el terror y aumentó los puntos de venta de drogas, los robos y atracos a mano armada, así como los enfrentamientos con las bandas enemigas.

Residentes del barrio 27 de Febrero, lugar donde estaba la base de operaciones de Monchy, aseguraron que este hombre tenía el control de esa zona, y en sectores como Loma del Chivo y María Auxiliadora, entre otros, nadie se movía sin su autorización. Incluso los propios policías temían incursionar en esos barrios, ya que cuando lo hacían generalmente confrontaban problemas con los miembros de la pandilla denominada Amor Dorado, de la cual Monchy era el cabecilla. Los vecinos confirmaron que con su salida del bajo mundo, la situación de inseguridad y venta de drogas en esos barrios disminuyó a su mínima expresión.

El cambio

En la entrevista que el hoy occiso ofreció a este medio, comentó que tuvo muchos motivos para cambiar de vida. El principal de ellos fue la pérdida de la mayoría de sus amigos. Narró que muchos murieron con apenas 18 años, a manos de la Policía, en “intercambios de disparos” y otros en trifulcas con bandas rivales.

Expresó que le tocó ir a muchos velatorios de amigos en sus años de pandillero, y en muchas ocasiones deseó su propia muerte.“ Yo quería que fuera mi velorio, porque quería estar con ellos. Me cansé de perder amigos muy queridos, en la vida de la delincuencia”, sostuvo.

Explicó que su decisión de dejar el mundo de las drogas y la delincuencia fue respaldada por 300 de los jóvenes de la pandilla Amor Dorado, quienes delinquían bajo sus órdenes, y entonces formaron la Fundación Gedeones Dorados en Acción Comunitaria.

“La gran mayoría está presente aquí, los he traído tanto a hembras como a varones, me siguieron los que creyeron que si pasaban al bien estaban mejor están aquí, los que no vinieron siguieron su vida y andan en el barrio todavía en malos pasos, pero ellos saben que siendo delincuente nadie ha triunfado” dice el expandillero.

Los Gedeones Dorados es la fundación que hasta  hoy dirigía Monchy , con la finalidad de lograr que los jóvenes de los barrios que controlaban como pandilla, no caigan en el mundo de la delincuencia y las drogas, y que tengan la oportunidad de estudiar para lograr el futuro que en su momento ellos no tenían.

Un paso difícil

En esa ocasión el expandillero dijo que regenerarse no fue fácil, ya que había tocado muchas puertas, y estas siempre se erraban debido a sus antecedentes penales. Sin embargo, atestiguó que no desmayó en su intento por dejar atrás un mundo que lo mantuvo como esclavo de la violencia y las drogas.

Monchy consideró que la sociedad ha sido indiferente con el tema de la delincuencia y afirmó que la misma colectividad, cierra las puertas a personas como él o los jóvenes que le seguían, lo cual obliga a muchos a seguir en el bajo mundo. También se quejó del poco apoyo que le ofrecían las instituciones oficiales para ayudar en la reinserción de los jóvenes a la sociedad

Irónicamente, estaba consciente de que en cualquier momento podría ser víctima de una vida donde siempre le había tocado jugar el papel de verdugo.

“Siempre he pensado la posibilidad de que después de mi cambio se produzcan represalias de parte de grupos enemigos o de sus propios excompañeros, inconformes con el paso que estoy dando, pero si cuando dirigía la pandilla, estaba dispuesto a morir como una lacra de la sociedad, hoy tiene sentido morir, porque tengo en que creer”, fueron las palabras de Monchy, quien recibió los impactos de bala por la espalda en momentos que se encontraba chateando sentado en su silla de ruedas.

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