Confirman que la carne de pollo produce homosexualidad

A lo largo de décadas legiones de científicos se han ocupado en buscar las causas de la homosexualidad. Yo no sé con qué objetivo, pero no son pocos los cerebros que se han devanado en busca de las raíces de lo que no es un defecto, sino una característica.

Hasta no hace mucho tiempo los homosexuales, del género masculino (no sé si debe escribirse así), sobre todo, fueron víctimas, en variadas y sangrientas maneras, de los regímenes “puros” como los de Hitler, Stalin y Fidel Castro, entre otros; sin olvidar que, aún hoy, lo son en varios estados africanos.

Pero ya está resuelto. Los científicos que todavía persisten en buscar razones deben abandonar este trabajo: la causa es el pollo. Los varones que quieran prevenir la homosexualidad, pues eso: no coman pollo; los que quieren adquirirla, cómanlo.

“El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres», aseguró el presidente de Bolivia, Evo Morales, en la clausura de la I Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra.

Yo recuerdo haber leído en algunas páginas de las Crónicas de Indias que los Conquistadores, cuando arribaron por estos lares, recibieron muchas sorpresas; entre otras, que los varones realizaban el acto sexual entre sí como si eso fuera natural. Debía parecerles natural, digo yo. Y en aquel tiempo no había hormonas en las comidas, y mucho menos femeninas.

Si consideramos, como advierte el presidente boliviano, que los varones “tienen desviaciones en su ser como hombres” cuando resultan homosexuales, pues lo que ocurre, pienso, es que todo evoluciona: los indígenas de hoy son más machos que los de antes, no se desvían.

Y bien, yo no sé de estos asuntos de la genética, pero pienso que el hallazgo de Morales también podría servirle a las mujeres que quieran acentuar su feminidad: mucho pollo tres veces al día, digamos.

Otro de los aspectos esenciales que dictaminó Morales en el discurso citado es que la calvicie de los europeos resulta de la mala alimentación: «La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas».

Yo he leído que la calvicie tiene factores genéticos, sobre todo, y que asimismo, en buena medida, se relaciona con determinados estados nerviosos. También habría que ver las estadísticas: ¿casi todos son calvos en Europa? Ahora estoy recordando a varias personas de por allá que no lo son. Pero bien, hay casis que son casi todo y otros casis más chicos. Pero para que nuestros nietos no salgan homosexuales ni calvos, ni tampoco opositores a la izquierda, me imagino, existe un remedio: “Hay que comer quinua [un tipo de grano que fructifica en la cordillera de los Andes, de alto valor proteínico y vitamínico]», afirma Morales, quien agrega que «las últimas semanas hemos escuchados decir a la FAO (Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación) que la quinua es el mejor alimento del mundo”. Bueno, aquí el problema que yo veo es cómo podríamos poner a pastar en los Andes a los 6,500 millones de habitantes que tiene el Planeta. Esperemos por la respuesta, debe tenerla el mandatario boliviano.

Pero bien, por lo pronto ya tenemos al fin algo muy claro: el pollo; con él, o contra él. Depende.

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