Adulación hipócrita a Danilo

Es tan reciente que nadie olvida las ocurrencias de la campaña electoral pasada… Tampoco las denuncias de fraude y menos la histeria de algunos personajes de la televisión matutina que parecían poseídos por el enemigo malo llamando irresponsablemente a desconocer el resultado electoral.

Menos tiempo hace todavía del intento de subversión contra el gobierno después de la toma de posesión de Danilo Medina entre septiembre y diciembre de 2012 como parte de la conspiración que buscaba reeditar la primavera árabe que estremeció como tsunami embravecido a casi todos los países de esa región del mundo.

Danilo siempre estuvo al corriente de todo, conoció el origen de esos planes, quiénes los promovían y de dónde salieron los recursos para financiarlos… Fue el propio Presidente quien pidió que se revelaran los detalles.

Presenté en televisión el esquema de la conspiración, su organigrama de mandos; di nombres y apellidos y revelé las conexiones entre esos personajes; dije dónde se reunían, mostré al público su calendario de actividades… Todo quedó al descubierto.

Lo hice con la mayor responsabilidad, con las pruebas en las manos, porque después de una investigación periodística quedé convencido que se trataba de planes políticos de gran calado cuyo fin era desestabilizar el gobierno recién instalado para entrar al Palacio por la puerta de atrás…

La estrategia fue usar como carne de cañón a un grupo de muchachos a través de las redes sociales que se ocuparían de convocar protestas aparentemente inocentes “contra el déficit fiscal de Leonel”. Y en principio tuvieron éxito.

La debilidad de Danilo…
Danilo Medina llegó al poder en las ancas de la montura de Leonel Fernández… Era obvio que si Leonel era víctima de la ira popular, Danilo corriera similar suerte. En esa circunstancia dar el zarpazo les resultaría fácil. Fue lo que pensaron.

Lo que no calcularon jamás fue que una conspiración de tal naturaleza tenía que tener una base política que asumiera la responsabilidad de dar la cara. Pero “el inefable” ni ningún otro lo hizo por la sencilla razón de que les faltó el valor que jamás han tenido para responsabilizarse de sus actos.

Es por ello que el cabecilla de la manada siempre ha pretendido dirigir una llamada “sociedad civil” a cuyos dirigentes pone y quita a su antojo. Pero él nunca da la cara.

Solo hay que ver quiénes han dirigido la Participación Ciudadana desde su fundación hasta nuestros días; a cuáles intereses ha servido esa entidad en sus casi 20 años; cuál ha sido su trabajo y por dónde han andado sus “observaciones” electorales; quiénes sus promotores, sus defensores, sus medios de comunicación…

Aprovechar su influencia para beneficios personales es otro cantar, y chantajear a sus empleadores ha sido la norma en el último medio siglo.

¡Muchos besos a Danilo…!
La hipocresía es lo más común en ese tipo de proceder… A Danilo Medina, después de pasar más de un año descalificándolo, acusándolo, subestimándolo, ahora no cesan de alabarlo, piropearlo, lisonjearlo sin el menor sonrojo.

Quieren “ayudarlo” a gobernar… Y en un chantaje emocional que debería avergonzarlos, se valen de sus asociados en el gobierno para hacerle saber sus “buenas intenciones” al Presidente.

Y le arman reuniones y coloquios para plantearle “estrategias inteligentes”.

Danilo Medina ha agotado ya 18 de los 48 meses de su gobierno. Le quedan 30 meses, dos años y medio. La tradición es que después de su primera mitad los gobiernos comienzan la línea descendente, en especial cuando los presidentes no pueden reelegirse…

¡O sea, esos personajes están a punto de irse a la “convergencia” que le armaron a Hipólito!

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